Cuando en 2007 llegó la guerra a México entendí que lo único que podíamos hacer era confiar en los demás. Lo aprendí, deslumbrada, de las víctimas. Desde entonces trabajo para encontrar un sistema efectivo que les permita enseñarnos generosamente todo lo que saben si aprendemos a escucharlas. Pero que a la vez les sirva para protegerse, defender sus derechos y exigir dignidad. Porque creo, como decía Theodor W. Adorno, que la filosofía nos tiene que servir para ir a comprar el pan. O aplicado al Colectivo FU, que el pensamiento literario es una herramienta útil que utilizamos poco y a menudo nos parece excesivamente abstracta y lejana. O peor: que ni siquiera nos parece una herramienta cuando en realidad es una poderosa manera de mirar que nos permite ver en el otro lo extraordinario que lo hace único y encontrarnos, pensar en otras maneras de entendernos y construir juntos, juntas, un mundo mejor.